miércoles, 1 de septiembre de 2010

Se venden historias

    Monetarizarlo todo, qué triste. Pues sí, pero todo tiene un precio. Yo cuento historias, es lo que sé hacer, dicen que lo hago bien. Veo el lado más emotivo, demasiada lágrima fácil, llorar es bueno. Por lo del desahogo. Te vendo una historia. La tuya. Me cuentas y yo te la escribo. Yo te capto y te fotografío, te escribo el hecho feliz, o el hecho triste, o lo que pasó aquel día cuando todo parecía que iba genial pero en el submundo oscuro de las sorpresas se apagó la luz y sonó el teléfono.
    ¡Cómo te atreves a pedir un duro por un cuento! Pero si te salen solos, bueno, no tanto, es verdad que necesitas saber lo que ocurrió y qué pasó con ella, o con él, o qué es lo que más le gusta, o lo que menos. También necesitas inspiración, y es gratuita no lo olvides. ¿Qué precio tiene que alguien te escriba eso que tú y sólo tú sabes que pasó? ¿Qué valor tiene un regalo para tu padre, o madre, o pareja querida consistente en un texto precioso o no tan precioso relacionado con su vida y por tanto con tu vida?

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