Bueno, me faltaba el impulso, el miedo a la hoja en blanco, no sé, que hoy estoy un poco más floja que de costumbre y no acabo de arrancar flemas. Se puede escribir sobre cualquier cosa, si tengo los diez minutos ya es bastante privilegio. Lo de las flemas me vino a la cabeza porque hay un fondo sonoro de toses varias que dificultan el descanso de mi hija. La cosa, el no parar, no detenerse, crear...
Incienso encendido, ventana abierta, no soportaba la intensidad del humo, ya no puedo ni con el permitido legalmente. Día soleado, da gusto pasear, imaginar sentires veraniegos, coquetear con la vislumbrada, en el horizonte, primavera. Es otro ánimo, otra cosa, otro impulso, una vitalidad que estaba aletargada en una cueva invernal. Resucitando de la parálisis. Sábanas de franela que empiezan a molestar. Imaginarios castillos de arena, coqueteos con las olas que van y vienen como chorros de sangre derramada. Esto último ha sido cosa de un recuerdo poético de los tiempos de antaño. Como estoy escribiendo un poco al tún tún le he permitido quedarse en el texto un tanto amórfico en el que me encuentro con mi yo interior y grito, es que hay demasiadas turbulencias. Pero hoy no es un mal día, puedo asegurarlo, el sol anima mucho, ya lo he dicho.
Imaginé que te escribía una carta, tú te crees a estas alturas pensar en escribirte, cuando ya han pasado, cuántos, nueve, casi diez años. Aunque no sé, me resultaría extraño hacerlo. Pienso, estaría muy contenta si viera esta parte de mi vida, tal vez no le gustaría tanto esta otra,...no sé, pensamientos raros. La verdad es que sería genial que pudiéramos encontrarnos aunque sólo fuera un instante, por muy grande que fuera se haría demasiado corto. ¿Cuánto puede ser de grande un instante? No, nunca sería suficiente. Un minuto, una hora, un día, un año, una vida...
Mamá, que tengo que dejarte, me voy a buscar a tu nieto al cole. si lo vieras...no, definitivamente un instante no bastaría.
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